miércoles, 3 de agosto de 2016

Menos mal no fue el fin del mundo

Según el canal de Youtube End Times Prophecies, conocido por sus frecuentes vaticinios fallidos, el pasado 29 de julio debería haberse presentado el más temible suceso de todos los tiempos: el fin del mundo.  Pero esto no ocurrió, como tampoco se acabó el mundo el 20 de diciembre del 2012 como debería haber sido, según una presunta profecía de los mayas, y como tampoco ocurrió el 22 de octubre de 1844 como lo había predicho el movimiento de los Milleristas en Estados Unidos, equivocación que es conocida como el Gran Chasco.

Menos mal no se acabó el mundo el 29 de julio. Menos mal, digo, porque seguimos sonrientes y orondos en este vividero en el que la especie humana se mueve como pez en el agua a pesar de las terribles inequidades, de las brechas cada vez más grandes entre los ricos y pobres; y muy a pesar de todas las tonterías que nos toca ver a diario en la televisión y en las redes sociales.

A pesar de todo, qué bueno que el mundo no se haya acabado. Si esto hubiera ocurrido, no pudiéramos soportar los informes especiales de los medios de comunicación y las declaraciones oficiales sobre responsables de la catástrofe y de las medidas, “serias y rigurosas”, que se tomarían para evitar un suceso similar en el futuro.

¿Se imagina usted el noticiero de la televisión en la emisión del día después?  “Tenemos las imágenes exclusivas del fin del mundo”  o éste otro: “Espere informes especiales de nuestros periodistas en todos los rincones del mundo.  En la sección deportiva sabríamos que a pesar de los terribles sucesos la Dimayor no aplazaría la fecha del fútbol profesional sino que programaría los partidos a las 12 del día. La niña de farándula, con una sonrisa apropiada para mejores ocasiones nos diría: “esperen en esta emisión cómo vivieron los famosos el fin del mundo”.

En el Instagram de un actor de cine veríamos su selfi con la explosión del sol detrás de él y en la cuenta de twitter de un cantante medio loco lo veríamos con la melena chamuscada.

Cierto presidente latinoamericano atribuiría los sucesos a la CIA como un acto premeditado para desestabilizar la revolución de su país. En Colombia, algunos sectores le atribuirían los hechos a las FARC y aprovecharían para expresarse sobre la inconveniencia de los diálogos de La Habana. Los hechos serían propicios para pedir a los electores que voten por el NO en el plebiscito.

En Europa atribuirían la hecatombe al Estado Islámico y éstos, en un acto de supuesta honradez, admitirían que son los causantes de la tragedia, pero el Gobierno norcoreano los desmentiría al decir que uno de sus poderosos misiles fue el verdadero detonante del apocalipsis.

Desde sus cuarteles de invierno en Estados Unidos el ex presidente George W. Bush llamaría al ex primer ministro británico Tony Blair y le propondría una declaración conjunta en que le pedirían a la comunidad internacional invadir a todos los países árabes en que haya sospecha de que se refugian los militantes del Estado Islámico. El político británico declina la invitación con el argumento de que no es necesaria pues Donald Trump se encargará de escribirla y de ejecutarla, si llega a la presidencia.

En una de la capitales sudamericanas se reúne de urgencia la Conmebol para acelerar los preparativos de la Copa América “End of the World”, con participación de países europeos y asiáticos para que las ganancias sean más jugosas.

Le empresa de energía eléctrica hablaría una vez más de su gran vocación de servicio y solidez como organización. Sin embargo, debido a los inconvenientes causados por el fin del mundo, como la caída de algunas líneas de conducción, se veía abocada a implementar un riguroso plan de racionamientos que comenzarían de inmediato.

Los corresponsales de todos los lugares presentarán prolijos informes acerca del fin del mundo y los medios de comunicación escritos publicarán ediciones especiales. En internet se vuelve tendencia la etiqueta #findelmundo y todas las páginas presentarán sus informes seguidas de la leyenda “Noticia en desarrollo”

El informe más corto de todos en todo el mundo estará a cargo del corresponsal en la Alta Guajira. Después de buscar inútilmente los efectos destructivos del cataclismo se encontrarán con un guajiro sincero y directo,  muy parecido a Enrique Herrera Barros, quien con su acostumbrado desparpajo le dará las únicas declaraciones que pudo conseguir: “Dígale al mundo que aquí no pasó nada, que en La Guajira ya el mundo se había acabao (sic) el 12 de octubre de 1.492 y desde entonces no han hecho sino rematala (sic)” 

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